Filología

Normalmente la carrera la eliges tú
y la tendrás hasta el fin.
Pero en mi caso las palabras me llamaron
para pedirme para sí
cuando les traje el menú.
¿Dinero, poder y fama? Ingeniería
o una de esas de ahora: informática o económicas,
que son más serias, valdrían.
¿Salud y comodidad? Medicina
pero quitando las guardias sin término,
o cualquiera de las oposiciones
para que vivas ligado y libérrimo
para el Estado.
Mas para aquel que aprendió a declinar
y se asombró ante los hombros de los gigantes,
filología.
Al que no lo tuvo claro hasta el final
o la nota de corte quedó donde quedó.
A quienes leer les mostró las alas
de las palabras y la imaginación,
filología lo llevará en sus galas,
aunque los otros no reconozcan su galón.
Para aquel al que le gusta el verbo "articular"
y también los sonidos
con que nos comunicamos
y sin los que estaríamos perdidos,
filología le tiende su lingüística, mano.
Para el que prepararse con observación
para lo que podría haber ocurrido
o podrá,
también resulta digno de su atención.
Para quien lloró. Quien no se expresó y,
arrepentido, aprendió "basta",
"escandir", "te entiendo", "¿por qué?" y "no",
y "sí".
Para el corazón conmocionado por la realidad
y conmovido por el más allá
que recrean las metáforas de Manrique,
donde el río se acaba y la muerte llega,
que las historias de sus abuelos arroparon;
filología te mira con sus ojos.
Y para el apasionado por lo humano
que nos convierte en lagos bellos de compasión,
en el agua y texto sagrados, hechos hermanos.
Al que se deleita en el mundo silvano,
al que sombra y ficción se le multiplican
y le resulta vida:
¡despierta como el amigo de las palabras!
Pues has sido elegido.
Filología te abrasa con sus brazos
de amor verbal: bienvenido.
Óscar Santos Pradana

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